Kilómetros
aproximados: 100.
Aunque no teníamos incluido el
desayuno en el precio, decidimos desayunar en el hotel, por no buscar, ya que
no habíamos visto nada cerca; por lo menos el precio no era desorbitado (9 €).
Quedamos como todos los días a las 8’30, el desayuno era bufet, no fue gran
cosa, pero no estuvo mal.
Hicimos el check-out y ya con las
maletas fuimos al parking (8’70 €, un precio muy razonable, para una ciudad tan
turística y estando tan cerca del centro). Vimos que había un mercadillo, y
dimos una vuelta, pero era como el que te puedes encontrar en cualquier ciudad.
Antes de irnos de Brujas, pero ya con
el coche, todavía nos quedaba una cosa por visitar y era KRUISVEST PARK, una zona muy agradable para pasear en la que se
pueden ver cuatro molinos de viento.
Uno de ellos, el Sint-Janshuismolen
estaba abierto al público (3 €) y es el único que siempre se ha encontrado en
este lugar, los otros fueron trasladados desde otras partes de la ciudad.
Hasta nuestro destino, Amberes,
teníamos poco más de una hora; la carretera transcurrió la mayor parte por una autovía
con semáforos, algo que a nosotros nos llama bastante la atención. El último
kilómetro fue con un tráfico horroroso, se hace bastante atasco cada vez que se
quiere girar cruzando las vías del tranvía.
Al llegar al Parking AREMBERG
(Oudevaartplaats 2-4) que está justo al lado del hotel, nos encontramos con un
mercadito; pero como ya habíamos girado, o seguíamos unos metros hasta el
parking o salíamos marcha atrás, así que seguimos con paciencia esos últimos
metros. Dejamos el coche y fuimos al hall del Teater Hotel, donde nos reunimos con un amigo de Lourdes y Luis,
George’s.
Dimos un paseo turístico con nuestro
anfitrión, era sábado y además hacía un sol estupendo; así que la ciudad estaba llena de gente comprando por todas
partes.
Entramos a la CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA (Onze-Lieve-Vrouw-Kathedraal), sus dos
torres no son iguales, debido a que cuando estaban construyendo la segunda
torre se quedaron sin dinero. Muy bonita como todas las de Flandes que hemos
visto, con un púlpito y unas vidrieras espectaculares. Horario: 10 a 17.
Sábados: 10 a 15.
Llegamos a un callejón, en el que te
alejas por completo del bucllicio de la calle, VLAEYKENGSGANG, que conecta Hoogstratt, Oude Koornmarkt y
Pelgrimstraat, entre sí; más o menos entre la Catedral y Grote Markt. En la
antiguedad aquí vivían los zapateros y campaneros, hoy en día son restaurantes
y tiendas de antigüedades. Encontrarlo tiene su dificultad, ya que su entrada
es muy discreta; pero nosotros evidentemente no tuvimos problemas con nuestro
anfitrión.
Cuando llegamos a la plaza principal
de Amberes, GROTE MARKT, nos encontramos
con un campeonato mundial de trial, la verdad es que nos fastidió bastante
porque la plaza es muy bonita, pero estaba invada por toda la parafernalia
publicitaria, con gradas incluidas.
Y a lo tonto a lo tonto, se había
hecho hora de comer, nuestro amigo nos llevó a una cadena (que no recordamos el
nombre) que es de pasta. Eliges el tipo de pasta y el tipo de salsa, sencillo
pero bueno. La comida de los 5 con bebidas nos costó 35 €, si quieres comer
algo de pasta sencilla, esta es buena opción, ya que por 7 € puedes comer.
Tras la comida decidimos ir al hotel y
hacer el check-in, fuimos al coche a por las maletas, las subimos a las
habitaciones y en un momento salimos de nuevo.
Nos alejamos hasta el río para tener
una bonita panorámica de la Catedral.
Muy cerquita y siguiendo el río se
encuentra el CASTILLO (Het Steen),
fue construido en el siglo XIII y reformado en el XIX; hasta hace pocos años
fue la sede del Museo de la Marina. Hoy en día hay un bar y poco más, se puede acceder
a su patio interior.
Luego continuamos callejeando por la
ciudad, entre otras cosas George’s nos enseñó la IGLESIA DE SAN PABLO (Sint-Pauluskerk), muy bonita, pero lo que
destaca y la hace difrente, es su calvario, que es bastante curioso; ya quedaba
poco para que cerraran, pero nos dio tiempo de una visita rápida.
Descubrimos, gracias a nuestro
anfitrión, un Centro Comercial precioso “Shopding
Stadsfeestzaal”, que como el resto de la ciudad, estaba a rebosar de gente
comprando.
También visitamos la Estación Central de trenes, muy bonita;
con una altura considerable de sus techos y un estilo imponente.
Continuamos callejeando, pasamos por
el barrio judío, y dimos un paseo por un parque, allí entre los árboles nos
enseñó un bunker de la Segunda Guerra Mundial.
Después ya decidimos que era tiempo de
descansar y tomarnos algo para charlar tranquilamente.
Luego volvimos al centro y George´s
nos recomendó un restaurante para cenar mejillones, ya iba tocando; él no nos
podía acompañar a cenar, así que nos despedimos.
El restaurante se llama De Kleine Post, pedimos una olla de
mejillones para cada uno, que por supuesto van acompañadas de patatas fritas,
junto con las bebidas nos costó 108 € (el precio de 27 € cada uno para cenar,
era algo más elevado de lo que estábamos pagando todos los días; pero ya
habíamos visto por todas partes que la olla de mejillones oscilaba entre 20-25
€).
Tras la cena, paseando volvimos al
hotel, disfrutando de una gran tranquilidad, después de la ajetreada tarde, con
gente por todas partes. Un poco de internet, revisar la ruta del día siguiente
y a dormir.
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